Welcome to pride time, bitches!

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Por: RafaDDM

Mi género cinematográfico favorito es sin dudas el terror… pudiera estar empatado con la comedia, pero en fin, me gustan las emociones extremas. Me gusta que las películas me hagan reír y sentir miedo. Muchas veces nos llama la atención ese terror por la atracción estilo montaña rusa y esa inyección de adrenalina al asustarnos. Ojalá fuera tan fácil provocar este tipo de reacciones como simplemente poner un mono feo en pantalla, subir el volumen y esperar el susto, pero realmente eso no hace una buena película de horror, ¿o sí? Podemos tener miedo a lo inesperado, por supuesto, pero muchos de nuestros miedos suelen estar ligados a sentimientos y pensamientos reales, y en pleno Pride Month, es imposible no abordar el tema de la homofobia y su contraparte, el miedo al rechazo de la sociedad. Ambos son miedos reales y presentes en nuestra sociedad, y que nos gustaría dejar en el pasado.

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Una de mis películas de terror con temática LGBT+ favoritas se encuentra en la franquicia de A Nightmare on Elm Street. En 1984, salió la primera película de Freddy Krueger, escrita y dirigida por el legendario Wes Craven. Fue un éxito inesperado, la casa productora New Line Cinema nunca antes había tenido uno de esta magnitud, tanto que hasta la fecha se le conoce al estudio como “La casa que Freddy construyó”. Eran los años 80, las películas slasher estaban en su apogeo: Halloween ya estaba en vías de convertirse en una lucrativa franquicia y Friday the 13th ya contaba con 4 películas; y ninguna de las dos tenía un protagonista tan carismático como Robert Englund. Era inevitable que New Line Cinema quisiera explotar el potencial de esta serie, y el primer paso era definir qué sucedería en la secuela. Como ahora ya lo sabemos, la serie de películas de este asesino de ensueño cada vez se enfocó más en los aspectos fantásticos, violentos y cómicos de la película hasta volverse prácticamente una caricatura de terror. Pero en la primera secuela, las reglas todavía no se habían escrito en piedra y era momento de decidir el curso de la saga por venir. Fue entonces que el estudio se acercó a David Chaskin, quien trabajaba en el departamento de distribución de películas de 16mm. Chaskin nunca había trabajado en una película, y tenía una idea sobre cómo continuar la historia de Freddy. Al estudio le encantó su idea y prosiguieron a producirla lo más pronto posible para capitalizar sobre el éxito de la original antes de que se perdiera el interés.

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David Chaskin era abiertamente gay y tenía toda la intención de integrar un subtexto homosexual a la película. Era 1984 y sabía que si hacía una película abiertamente gay, el estudio la rechazaría. Así que hizo una historia sobre un chico que comienza a tener ciertos pensamientos que lo aterrorizan y no lo dejan dormir, su familia y sus compañeros en la escuela no lo entienden y le dicen que necesita ser más duro y masculino para salir adelante. Hay algo dentro de él que no lo deja existir en paz, incluso no le permite acercarse demasiado e intimar con la chica que está atraída por él, en una escena incluso intenta tener contacto sexual con ella y la voz en su cabeza no lo deja concentrarse y mejor decide ir a dormir con su mejor amigo. Hasta este punto suena como una historia “coming of age” de un adolescente gay o quizás bisexual. Entonces David añadió a Freddy Krueger por todos lados en el guión hasta que a simple vista fuera más bien una película sobre un joven que disfruta de forcejear con sus compañeros del béisbol, va a un bar sadomasoquista con su profesor de gimnasia y activamente trata de evitar ser poseído por Krueger.

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Sucedieron dos mágicas situaciones que permitieron que este “subtexto” reluciera en una de las películas de terror más homoeróticas hasta la fecha. Tradicionalmente estos slasher contaban con una protagonista virginal, denominada como la Final Girl o la Scream Queen, como Nancy Thompson en la primera película o Laurie Strode en Halloween. En este caso, contaban con un protagonista de nombre andrógino, Jesse. Mark Patton consiguió este papel protagónico. Mark en ese entonces era abiertamente gay, sin embargo no como persona pública, debido a que temía ser encasillado en los escasos papeles gay disponibles en Hollywood en la década de los 80. El otro factor que potenció lo fabuloso de esta película fue Gregg Fonseca, el diseñador de producción que también era gay y escondió varias pistas sobre la sexualidad del personaje principal en la película, incluído un juego de mesa llamado “Probe” (“sondeo” en inglés) en su clóset y un letrero de “No chicks” en la puerta de su habitación. Entonces la dirección cada vez enfatizó más estos aspectos y nos dió a nuestro primer Scream Queer.

Cuando salió A Nightmare on Elm Street 2: Freddy’s Revenge en 1985 en cines, New Line estimaba que la película, de ser un éxito, haría el 60% de lo que hizo la primera película, sin embargo terminó recaudando 5 millones de dólares más que la original, por lo que fue un rotundo éxito y abrió las puertas a las siguientes 5 secuelas, un spin-off, un remake, un programa de televisión y en general, una franquicia con todas las letras.

Sin embargo, la crítica fue dura con la película. Gran parte era justificada sobre problemas con la trama y cómo se rompieron las reglas de la primera película. Pero también hasta la fecha hay audiencias que detestan “la película gay” de Nightmare on Elm Street. Todas las personas involucradas con la producción negaron tajantemente que la película fuera intencionalmente homoerótica. Mark Patton sufrió de tantas críticas y fue encasillado como “actor gay”, al grado en que decidió dejar la actuación para convertirse en decorador de interiores. Chaskin, con miedo a las repercusiones decidió echarle la culpa a Patton por la percibida homosexualidad de la película. Y el día de hoy es algo que podemos juzgar, pero debemos entender el contexto de la época. La homofobia era un problema aún más grande, comenzaba la paranoia por el VIH, el cual en ese entonces era un “virus gay”. Había un gran temor por ser “expuesto”.

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Era natural tener miedo a la reacción y al escrutinio público. 35 años después, y sigue siendo un miedo real para muchas personas. En muchas situaciones puede poner en peligro sus vidas. Sin embargo, las películas de terror no sólo están hechas para asustarnos y mostrarnos nuestros miedos. También pueden servir para combatirlos. Aunque en 1985 no fue reconocida como tal, A Nightmare on Elm Street 2 le dio voz a escritores, diseñadores y actores LGBT+ y se plasmó en un producto que actualmente es considerado un clásico de culto. Una visión única sobre un ícono del terror. Y con todo y sus defectos, hasta la fecha considero que es una de las mejores películas de la saga.

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En 2010, se lanzó un documental bastante completo y recomendable sobre la franquicia llamado Never Sleep Again, en el cual David Chaskin por fin tuvo el valor de admitir que todo fue intencional, y que nunca lo discutió con el director y los productores de la película directamente porque temía a las repercusiones. Mark Patton en 2019 lanzó su propio documental llamado Scream, Queen! My Nightmare on Elm Street en el que habla sobre su experiencia en la película desde la perspectiva de un hombre gay, y los efectos que tuvo en su vida. Estamos en tiempos en que se comienza a apreciar la diversidad y es un buen momento para comenzar a buscarla en nuestras opciones de entretenimiento. Habemos audiencias que nos encantaría ver más contenido LGBT+ en películas de terror, e incluso audiencias que no se identifiquen como parte de la comunidad pueden disfrutarlo. A fin de cuentas son historias humanas, y podemos encontrar un poco de nosotros en todas ellas.

Si tenemos historias que contar, ¡contémoslas! Lo que antes se hizo con miedo y en secreto, hoy hagámoslo con orgullo y abiertamente. Siempre ha habido excelentes perspectivas creativas en el género del terror de parte de la comunidad como Clive Barker (Hellraiser), Don Mancini (Chucky), y Kevin Williamson (Scream). Y así como Get Out abrió las puertas para una comunidad que históricamente no ha tenido tanta presencia en el terror, estoy emocionado por saber que todavía hay muchas puertas más por abrir.

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