The french dispatch

The french dispatch

Año: 2021

Dirección: Wes Anderson.

Producción: Wes Anderson, Steven Rales, Jeremy Dawson, Scott Rudin.

Guion: Wes Anderson.

Música: Alexandre Desplat.

Fotografía: Robert Yeoman.

Montaje: Andrew Weisblum.

Protagonistas: Frances McDormand, Benicio del Toro, Tilda Swinton, Adrien Brody, Léa Seydoux, Timothée Chalamet, Lyna Khoudri, Saoirse Ronan, Jeffrey Wright, Mathieu Amalric, Steve Park, Bill Murray, Owen Wilson.

Sinopsis: The French Dispatch es la edición europea de Liberty, Kansas, Evening Sun: una revista semanal real sobre los temas de la política mundial, las artes (alto y bajo), la moda, la cocina elegante / las bebidas finas y diversas historias de interés establecido en barrios lejanos. A la muerte del editor en jefe, el equipo editorial decide publicar una última edición conmemorativa, destacando las tres mejores historias que aparecieron durante los 10 años de existencia de la revista. Las historias involucran a un artista condenado a cadena perpetua por un doble homicidio, disturbios estudiantiles y un secuestro resuelto por un chef.

Opinión:

Ambientada en una ciudad gala, tan provincial como foco de todas y cada una de las manifestaciones culturales y artísticas de la Francia de la primera mitad del siglo pasado (a fin de cuentas, ¿no es chic y de buen gusto todo lo francés?), The french dispatch tiene al menos dos propósitos: cobijar al coro, cada vez mayor, de pintorescos personajes que caracterizan el universo de Anderson, en esta ocasión una colección de escritores que piensan, hablan y corrigen con un ojo en las notas y otro en un Pulitzer, y los seres que de objetos pasan a sujetos entrañables a ojos de ellos y, se espera, de los espectadores.

A su vez, es un portento de chiste privado/declaración de principios. No porque se aproxime al asunto de las corresponsalías con un toque de farsa cáustica, desenfado y preciosista (eso es algo de esperarse en cualesquiera de sus producciones), sino porque parece querer responder a las críticas constantes sobre la forma tan peculiar de su narrativa, reafirmando su condición de hípster-antes-de-los-hipsters con juegos de palabras (Ennui-sur-Blasé, la ciudad ficticia en la que se desarrollan los eventos se puede traducir literalmente como Aburrimiento existencial-sobre-Hartazgo, y el café Le sans blague, centro bohemio en el que se desarrolla la segunda crónica, se puede traducir como café “Es en serio)”.

Afortunadamente (o no), ninguno de los dos conceptos sobre los que se funda la localidad de Ennui están presentes, o ambos lo están de forma concentrada, dependiendo de las filias de quien aprecie la cinta.

Para sus no pocos seguidores, Anderson, de la mano de su fiel fotógrafo Steve Yeoman, crea una ficción en la que sus recursos audiovisuales, antes repartidos entre su cine actuado y sus cintas animadas, se unifican con otros medianamente novedoso (tableaux vivants en ralentí para darle mayor fuerza a la intención artística del pintor Moses Rosethaler, interpretado por Benicio del Toro; guiños a la nouvelle vague en el episodio coestelarizado por Frances McDormand y Timothée Chalamet; una secuencia animada en el capítulo narrado por el escritor Roebuck Wright, encarnado por Jeffrey Wright) desarrollando una serie de viñetas en las que sus planos de simetría obsesiva y colores de repostero por, acaso, primera vez, funcionan para otorgarle mayor peso a sus personajes y sus trasfondos.

Esto no quiere decir que antes no hicieran esa labor, sino que al momento de tomar como punto de partida el periodismo de crónica, ensayo y crítica cultural (en particular el elaborado en The New Yorker, como delatan el estilo de las portadas del magazín y la lista de homenajeados que aparece en los créditos finales) toma un rumbo discretamente nuevo, como si por primera vez su tinglado de referencias y fetiches se establecieran para un fin ulterior.

Tal vez esto se deba que los mundos andersonianos tiene mucho en común con los textos y autores que han desfilado por las páginas de la revista neoyorquina: ambos tienden a cierta grandilocuencia, a la ampulosidad y al apego a la técnica en función del mensaje, generando por igual adeptos que contrincantes ante los muchos vericuetos y artificios retóricos que se toman para contar un hecho en ocasiones rayano en la intrascendencia.

Por lo mismo, para los no iniciados en los caminos de monsieur Anderson, el resultado final puede no ser del todo de su agrado, pues la hiperconcentración de luminarias (algunas en primer plano y otras pasando lista ante el llamado del director), así como el hecho de que la narrativa de Anderson parece ya estar calibrada para los que han adquirido el gusto por sus ideaciones, puede resultar empalagoso. Para sus acólitos, quizá pueda ser un contendiente para los primeros escalones de su top personal.

Calificación: 5.7 maharkyestrellas