The Act: El bizarro caso de Dee Dee y Gypsy

Es sabido que la realidad muchas veces supera la ficción, no por nada los guiones de infinidad de cintas y de suspenso o policiacas están basados en casos reales, muchas veces no resueltos y otros, con resultados impensables. Este es el caso de The Act, producción original de Hulu, disponible en México gracias a la plataforma de Starzplay, una serie basada en un crimen resuelto pero con diversos detalles que lo hacen uno de los más inconcebibles, tanto así que ha dado pie a un documental de HBO llamado: Mommy dead and dearest y un sin fin de videos en internet.

Dramatizando la historia de Gypsy Rose Blanchard y el asesinato de su madre, Dee Dee Blanchard, quien fue acusada de abusar de su hija por Trastorno ficticio infligido a otro como consecuencia directa del Síndrome de Münchhausen, The Act nos muestra a lo largo de ocho capítulos la caótica “normalidad” en que madre e hija se desenvolvían: mentiras; engaños a vecinos; visitas a urgencias en mitad de la noche y lo que pareciera ser una sucesión de enfermedades y milagros en la vida de Gypsy.

Con las actuaciones estelares de Patricia Arquette y Joey King como Dee Dee y Gypsy, respectivamente, la serie es bastante fiel a los hechos, sin dejar de tomarse algunas libertades con algunos personajes para hacerlos más actuales; sin embargo, la línea temporal es fidedigna y es destacable la acertada elección de momentos clave en una vida plagada de violencia psicológica y física para entender la psique de madre e hija, así como su dependencia mutua.

A pesar de ser un caso lleno de detalles e inconsistencias −las cuales fueron reveladas durante el juicio para así armar, como si fuera un rompecabezas, lo que ocurría dentro de la rosada casa, donde todos creían, habitaba una madre dedicada a su hija enferma− considero que la cronología usada la hace digerible, ya que inicia como algo tierno que se va oscureciendo mientras los capítulos pasan y la propia Gypsy deja atrás los vestidos y pelucas de princesas.

La fotografía es uno de los elementos que se destaca desde el principio gracias a la colorimetría utilizada, plagada de tonos cálidos y pasteles para sumergir al espectador en la fantasía en la que esta familia uniparental vivía; mismas que tienden a oscurecerse en los momentos clave, resaltando la “maldad” que comienza a nacer en alguno de los personajes. Además, ciertas tomas son idénticas a las grabaciones que se tienen de entrevistas dadas por madre e hija o a declaraciones posteriores al asesinato.

The Act está siempre en concordancia con el documental, recreando no sólo las entrevistas sino la escena real del crimen, usando el recurso de analepsis para ir develando, capítulo a capítulo, qué ocurrió en el brutal hecho que se nos presenta en primera instancia y cómo pasó de un cuento de hadas a una cinta de terror.

Este artilugio marca el ritmo de la cinta, ya que ese ir y venir de pasado a presente mantiene en suspenso al público, teniendo siempre un total control de los tiempos adecuados para cada etapa de la vida de Gypsy, marchando lento en lo que parecería su infancia –aunque tuviera quince años− y más rápido al alcanzar la edad adulta, siendo quizás la época de su relación con Nick la que pareciera ocurrir de forma más abrupta, en concordancia con los niveles de violencia que ya se manejaban para ese entonces.

A pesar de la ya de por sí llamativa historia, lo que hizo a The Act salirse de lo común fueron las actuaciones de Joey King, Patricia Arquette y hasta Calum Worthy, quienes mostraron su talento histriónico al volverse realmente Gypsy, Dee Dee y Nick.

Es cierto que el equipo de caracterización hizo lo suyo para ayudarlos de pasar de su estatus de celebridades a personas no tan comunes, pero es digno de destacar el trabajo de Joey King, quien no dudó en raparse la cabeza y cambiar no sólo su apariencia sino hasta su voz, misma que suena casi idéntica –aguda e infantil− a la de la Gypsy Blanchard real. Aunque sabemos que Joey King tiene 20 años, en cuanto sale a escena logras ver a una niña, ni siquiera sus gruesos labios o vivaces ojos –mismos que pierden su brillo bajo ciertos acontecimientos− logran hacerte cambiar de opinión.

Gypsy es una tierna niña que parece haber pasado por todas las enfermedades existentes en el mundo y salido victoriosa; su forma de soportar cada una de las medicaciones que van desde tragar una pastillas, hasta alimentarse por medio de sonda; desenvolverse con una gran destreza en la silla de ruedas y hasta abrazar al peluche que cambia en cada ida al hospital, refuerzan esta hipótesis y conforme avanzan los minutos te olvidas que ves a la protagonista del Stand de los besos en lugar de a Gypsy Rose Blanchard.

Y mientras más enfermedades aparecen, el sentido común, ese que dice que algo oscuro hay detrás de lo que aparentan, comienza a irse y no haces más que compadecer a la pobre chica −quien así como Claudia en Entrevista con el vampiro parece atrapada por siempre en el cuerpo y la vida de una niña− y a vislumbrar las verdaderas intenciones de Dee Dee, personaje que se pierde –de forma magistral− en ella misma, debido a las enfermedades reales, hacia la recta final, justo cuando pareciera que el karma llega para cobrarle todos los años de maltrato, pero esto, lejos de generar empatía hacia ella la vuelven más temible.

Patricia Arquette pasa por distintos cambios a lo largo de la serie, la mayoría en un mismo capítulo. Podemos ver esa madre amable y sobreprotectora –en un principio entendible− cambiar en un abrir y cerrar de ojos a una mujer iracunda e impasible que pareciera, por momentos, hacerse más grande de lo que es. Un personaje que tiene cientos de matices y pareciera estar siempre al límite de alguna emoción, con ciertos capítulos que intentaban −quizás− crear empatía pero que sólo terminan de confirmar que las enfermedades mentales dan señales, pero casi nadie está dispuesto a verlas.

A esto hay que sumarle el trabajo de Calum Worthy, un chico inquietante desde la primera vez que le vemos en pantalla, inocente a simple vista, pero con algo muy turbio que logra apreciarse tras unos cuantos diálogos virtuales con Gypsy, mismo efecto que causará toda su participación, debido no sólo a su caminar torpe sino a su forma de referirse a su trastorno de personalidad disociativo.

Aunque en primera instancia solo parece un sujeto extraño, “Así lucen los pedófilos”, diría Dee Dee Gypsy, mientras más protagonismo toma en la serie y en la vida de la menor de las Blanchard, más pistas nos dan sobre él; entretejiendo así lo que será el clímax de The Act y mostrando sus propias motivaciones para dejarse arrastrar al ciclón de locura y muerte que cambiará las vidas de todos los involucrados.

En conjunto, The Act en su primera temporada –se cree que habrá más enfocadas a otros crímenes, pero Hulu aún no se pronuncia al respecto− logra con éxito contar una historia que conmocionó a la opinión pública en 2015 y que sigue causando polémica por los múltiples giros que dio el caso. Una buena opción para pasar los días que quedan de cuarentena y después, si te gustan estas temáticas, sumergirte un rato en más datos sobre el caso y el qué ha sido de la vida de los involucrados.

Le doy seis Maharky estrellas únicamente porque siento que al final, el ritmo decayó un poco y pareció hasta cierta parte moralista en querer dejar bien parada a Gypsy ante la opinión pública, olvidándose un poco de que la condición de Nick tampoco era la más adecuada como para tomar responsabilidad completa de lo ocurrido.

https://youtu.be/dGpvK1Q8aTw