Swallow

Swallow

texto por Alberto Marín

FICHA TÉCNICA

País: Estados Unidos, Francia; Año: 2019; Duración: 94 min; Dirección: Carlo Mirabella-Davis; Producción: Mollye Asher; Guion: Carlo Mirabella-Davis; Protagonistas: Haley Bennett, Austin Stowell, Elizabeth Marvel, David Rasche, Denis O'Hare.

SINOPSIS

Una joven ama de casa en un matrimonio aparentemente perfecto desarrolla pica, el impulso irresistible de ingerir objetos y materiales no comestibles.

OPINIÓN

Aunque a primera vista la trama de Swallow (Carlo Mirabella-Davis; 2019) puede parecer simple, es en la elegancia y eficacia de sus detalles donde destaca la ejecución de una opera prima cargada de simbolismos.

Tomando como punto de partida las vida de su abuela, mujer madura que en la década de 1950 desarrolló un trastorno obsesivo compulsivo a causa de la presión social por llegar y mantener la perfección esperada para las amas de casa de la época, Mirabella-Davis retoma el hilo psicopatológico para contrastar el cambio de actitudes —si es que lo hay— con respecto al ideal femenino que se manejan en la actualidad, en particular en los estratos altos de la sociedad.

Pero, lejos de pontificar y expresar largamente aquello que le preocupan a él y a Hunter (protagonista interpretada por una, hasta entonces, poco reconocida Haley Bennett, con un nombre vaticinador y descriptor donde los haya), el director ofrece una lección del consabido mantra “no digas, muestra” que tanto se esmeran en cumplir los realizadores cinematográficos, el cual ancla en, al menos, tres elementos audiovisuales.

En lo visual está, en primer plano y como uno de los puntales del esquema narrativo, el vestuario de Hunter. No es sólo el cuidado que se tiene en su color y corte para con las diferentes escenas (a fin de cuentas la acción se desarrolla en espacios y convivencias donde las apariencias importan más de lo que se estaría dispuesto a aceptar), sino también la forma en que sirven para manifestar discrepancias y afinidades con el entorno. Así, sus estados de ánimo y la evolución de ellos se vislumbran por cuánto se deja destacar en un color a juego con su vida interna.

Conjugado a los atuendos está el diseño de los escenarios los cuales, además de jugar en la urdimbre emocional de Hunter, ayudan tanto manifestar el desarrollo del personaje como a preparar el terreno para las acciones que son el centro de la trama, o a partir de detalles minúsculos que acompañan gestos mínimos dirigidos hacia Hunter: una sonrisa cómplice, una maledicencia “no intencionada”, un comentario fuera de lugar, etc.

Esto se logra no sólo con el decorado y la iluminación, sino con un lúdico acompañamiento de música incidental y de pistas de música no dramatizada que hace que se entiendan los desfases en los que vive Hunter: una mujer moderna atrapada en una jaula de oro que, si bien atemporal, remite a las época en que se dieron los sucesos familiares que nutren el trabajo de Mirabella-Davis.

El último eslabón es la forma en que se muestran los atragantamientos que dan título al cine. La pica que se le diagnostica a Hunter (que lejos de arruinar la función es apenas un elemento que permite agregar a la ficción una capa extra de ansiedad y presión vía el diagnóstico clínico y sus repercusiones) es un trastorno alimentario de origen variado (teniendo explicaciones tanto fisiológicas como psicológicas, todas las cuales, y ninguna, afectan a Hunter) en el cual quien lo padece ingiere toda clase de objetos y sustancias ajenos a una dieta normal y saludable.

Si leer esta descripción de la anomalía, o una más detallada, ya produce escalofríos, la forma en que Mirabella-Davis y la fotógrafa Katelin Arizmendi lo enfocan, sin dejar de lado la estética con la que ha rodeado a la protagonista, genera una incomodidad que se balancea entre el espanto y el horror, sobre todo una vez que Hunter, con una sorprendente ingenuidad, explica las razones que la han llevado a ingerir la serie de artefactos que, discretamente, son mostrados por la cámara en una serie de colecciones que generan un orgullo que mucho tiene que ver con las otras cosas menos obvias que Hunter ha tragado, y seguirá tragando, hasta que pueda encontrar una salida que la permita experimentarse en sí y para sí misma, en lugar de seguir representando un papel que, por mucho que se esfuerce en lograr y mantener, es obviado por aquellos a quienes les ofrece su representación.

CALIFICACIÓN: 5.9/7 maharkyestrellas