Push

Push

FICHA TÉCNICA

Dirección: Fredrik Gertten

Guion: Fredrik Gertten

Producción: Margarete Jangård (WG Film)

Cinematografía: Janice d’Avila, Iris Ng

Edición: Erik Wall Bäfving

Música: Florencia Di Concilio

Reparto: Leilani Farha, Saskia Sassen, Joseph Stiglitz, Roberto Saviano, Ada Colau

Año: 2019

Duración: 92 minutos

SINOPSIS

Un documental sobre la mercantilización de la vivienda y su consecuente falta de accesibilidad a través de los ojos de Leilani Farha, relatora canadiense de vivienda para Naciones Unidas.

OPINIÓN

La dificultad para encontrar un hogar, o mantener el que ya se tiene, es un tema al que el cine, en particular el contemporáneo, no es ajeno.

Sea como contraste entre clases sociales —Parasites (Gisaengchung; Bong Joon-Ho, 2019) y las versiones de Candyman de 1992 y 2021 (Bernard Rose y Nia DaCosata, respectivamente) como ejemplo— o como vehículo de una aventura surgida del conflicto entre parroquianos y desarrolladores inmobiliarios —Up (Pete Docter, 2009) es una muestra interesante por la forma en que este tema es presentado a diversas audiencias— la problemática social está presente, aunque no necesariamente en su clara dimensión.

Con mayor relevancia en el día a día, la falta de espacios, aunada a la precariedad laboral, ha hecho que esta situación sea cada vez más insostenible, como quedó de manifiesto en las solicitudes de congelación de hipotecas y rentas a raíz de la pandemia y sus confinamientos, lo cual tanto dificultaba obtener entradas económicas como, en el extremo de los casos, buscar con el debido cuidado un nuevo lugar accesible a los bolsillos y a las distancias laborales.

Si bien las noticias daban a entender que las manifestaciones se hacían en contra de los arrendatarios tradicionales, Push (Frederik Gertten, 2019) muestra que en muchos casos esta idea es equívoca, pues detrás de la figura antes concreta del casero, con cara y nombre y trato, ahora existen sendos consorcios de bienes raíces, los cuales ya no sólo se hacen cargo de la también medio conocida labor de venta y renta de casas, sino que entran en mercados financieros de especulación en virtud de ser también empresas nutridas por capitales de distintas procedencias, muchas de las veces asentados en paraísos fiscales, que lo que buscan es, obviamente, maximizar sus ganancias.

Esto no es sólo trágico por la forma en que el dinero bien ganado de los pensionistas (coreanos en la narrativa de Gertten, sin que estos sean los únicos casos existentes) se mezcla con el de narcotraficantes, sino porque la necesidad de crear un mercado a explotar lleva a las firmas metidas en el negocio a hacer de las casas un bien que poco tiene que ver con la banca tradicional, por no decir con la vivienda como derecho humano, el cual tiene como observadora a Leilani Farha, relatora especial de la ONU sobre vivienda adecuada.

Ella no sólo es los ojos de la audiencia, sino la testigo de las diferentes formas en que operan las compañías: aumento en los precios de las casas, negación de respuesta ante las quejas de inquilinos y propietarios a fin de que estos se cansen y acepten pactar bajo las condiciones de los capitales de inversión y, en caso extremos, acudiendo a prácticas sacadas de un manual del hampa tradicional.

Farha también muestra, entre su impotencia y esperanza ante las situaciones que observa alrededor del mundo (principalmente en países desarrollados, pero, si ellos tienen esos niveles de conflicto, ¿qué se puede pensar de países como México, cuyas economías y políticas no poseen estructuras de defensa medianamente articuladas?), la desidia política y el activismo social, y cómo fue que la situación llegó a este nivel.

Para ello Gertten usa montajes que mucho recuerdan a lo hecho por Adam McKay en su cinta del 2016 The big short (la cual también tiene como eje la especulación residencial, previa a l crisis financiera del 2008, y sus graves consecuencias), acudiendo a expertos que, sin dejar de lado la teoría económica dura y la de los cambios en el uso del suelo (del cual la faceta más conocida es la remodelación y/o rehabilitación de zonas marginalizadas, mejor conocida como gentrificación), hacen accesible la información al espectador para que dimensione el drama que se gesta ante sus ojos.

Si bien, al igual que de The big short, el documental de Gertten no cierra en una nota alta, sí permite que se formen opiniones y caminos para hacer frente a un ente que, a diferencia de ciudadanos y políticos, ha sabido aprender de sus errores para poder depredar a sus anchas en un sistema moldeado y moldeable a sus necesidades, las cuales nunca tomarán en consideración las de la mayoría.

Calificación: 5.7/7 maharkyestrellas