Memoria

Memoria

FICHA TÉCNICA

Dirección: Apichatpong Weerasethakul

Guion: Apichatpong Weerasethakul

Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom

Montaje: Lee Chatametikool

Protagonistas: Tilda Swinton, Daniel Giménez Cacho, Jeanne Balibar, Juan Pablo Urrego

Música: César López

Sonido: Akritchalerm Kalayanamitr

Duración: 136 minutos

Año: 2021

SINOPSIS

Jessica, botánica británica establecida en Colombia, es despertada una noche por un sonido como de otro mundo, que la lleva a emprender un viaje hasta el corazón de la selva en busca del origen de este ruido que solo ella parece oír.

OPINIÓN

Cuando un director de cine —en particular los de producciones independientes o altamente idiosincráticas— sale de su “zona de confort”, suelen presentarse dudas sobre la solvencia que tendrán sus siguientes proyectos, más aún si esta salida implica un cambio a otra región geográfica, donde a la traducción de las ideas se suman las obvias dificultades lingüísticas que deberá enfrentar para formar equipos y obtener herramientas con las cuales continuar su labor.

El caso de Memoria, del tailandés Apichatpong Weerasethakul (Bangkok; 1970), es interesante por la forma en que logra integrar los obstáculos en su particular forma de abordar la narración cinematográfica, donde el misticismo y la actualidad de Tailandia encuentra símiles cercanos en la Colombia de hoy en día y en el en el lugar común en que ha terminado por convertirse el concepto de realismo mágico latinoamericano (el coro de relatos que cierra el metraje tiene paralelos con el icónico inicio de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez).

También ayudan a dar forma a la obra el diseño de sonido y la triple función que Tilda Swinton (Londres, Reino Unido; 1960) en la creación de la obra del tailandés, pues el proyecto tiene años incubándose por una necesidad de ambos por colaborar creativamente en un terreno intermedio para ambos, que implicara no sólo la conjugación de sus talentos sino también la experimentación en ámbitos poco comunes para ellos.

Swinton también coproduce la cinta y encarna a Jessica Holland, la protagonista de la historia, con esa forma suya de trabajar los papeles, en la cual los cambios físicos que la distancian de su persona real son mínimos, dejando la parte dura de la construcción del personaje a una minuciosa gesticulación de la ansiedad y la fragilidad que recuerdan a lo hecho en We need to talk about Kevin (Lynne Ramsay; 2012).

Esta comparación también se traslada al hecho de que ambos personajes comparten una alienación con respecto al entorno en el que se hallan: si en la cinta de Ramsay el personaje de Swinton no logra dar a entender qué es lo que le preocupa de su hijo y cómo él cambia su comportamiento cuando está a solas con ella, en Memoria la capa de lo indecible se haya en un sonido que se presenta en su cabeza, atormentándola a salto de mata, para cuya definición y origen requerirá traspasar las fronteras de la geografía colombiana y de la traducibilidad entre idiomas.

La zozobra por ser entendida se representa tanto en la forma en que Weerasethakul prolonga las secuencias —que a la vez evita dar explicaciones y deja que el espectador aporte desde con propia evocación sus soluciones y congojas— como por el diseño sonoro que las acompaña. No es sólo el ruido que persiste en los adentros de Jessica, cuyo entendimiento es pieza importante para el desarrollo de la trama, sino también aquellos en los que habita —la calle y sus trajines, el bullicio de restaurantes y mercados que muchas veces están al mismo volumen que el de las pláticas que se sostiene con amigos y conocidos—, y los que se hallan como parte de la partitura de acompañamiento.

Hay en estos acompañamientos la presencia fantasmal de un retumbar —similar a ecos de mar lejana recogidos en una caracola, o al efecto sordina que se da cuando al viajar se suceden cambios de presión— que da pie para interpretar los estados anímicos de Jessica, y que recuera a la forma de Stanley Kubrick al utilizar piezas del compositor austrohúngaro György Ligeti para dramatizar Eyes wide shut (1999) y, en particular, 2001:A space odyssey (1968), con la cual Memoria guarda más similitudes de las esperadas a primera vista pues, aunque en “géneros” distintos, la persistencia de la memoria en el espacio y el tiempo, y de barbarie y civilidad como caras de un mismo poliedro, son segmentos fundamentales de la narración.

Aunque podría parecer que el ejercicio de Weerasethakul está planeado para unos cuantos iniciados, sus intenciones son cercanas al público en general y permiten, al igual que en trabajos como los de Kubrick, que las imágenes y reflexiones sigan desplegando su potencial mucho tiempo después de la proyección, a condición de un módico costo de atención y paciencia superiores al que la mayoría de las películas requieren.

Calificación: 5.9 maharkyestrellas