Los que se quedaron

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Películas del holocausto hay al por mayor, desde las multipremiadas La vida es bella que nos da una cruda mirada, con diversos matices, de una tragedia ocurrida a millones de parejas judías a lo largo de los territorios ocupados por Adolf Hitler, hasta  La lista de Schindler, cinta basada en un personaje que representó el conflicto entre ser alemán pero no congeniar con la ideología Nazi.

Podría llenar varias líneas enumerando las diversas tramas que el séptimo arte ha presentado enfocándose en diversos protagonistas y situaciones; sin embargo, en esta ocasión escribiré sobre Los que se quedaron (Those who remained), filme que llega a la República mexicana gracias a esta edición del Festival Internacional de Cine Judío en México y a Cinépolis que ha prestado sus salas de arte para llevar la selección a más lugares dentro del país.

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Esta cinta húngara aborda el tema del holocausto desde la perspectiva no de aquellos que sobrevivieron, sino de quienes se quedaron: los huérfanos –llenando los orfanatos por cientos, no solo quienes habían quedado solos en el mundo, sino quienes ya no podían ser mantenidos por el control de raciones−, viudos, sobrevivientes, parientes sin noticias del paradero de su familia, etc. Utilizando como protagonistas a Klara, una adolescente rebelde y Aladar, su ginecólogo, para dar su visión de los horrores de la guerra y las diferentes formas de vivirla.

El largometraje es visualmente hermoso, lleno de colores tenues que van de la mano de una hermosa fotografía, lo mismo retrata parques y arquitectura; lugares y personas, cotidianidad y escenas profundas, valiéndose primero de tonos oscuros y un maquillaje mortuorio en la protagonista −quien refleja el sentir de la mayoría de los habitantes− para dar paso poco a poco a la luz y la vivacidad de tonalidades.

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La historia está bien desarrollada pese a sentirse un ritmo lento a lo largo de todo el metraje; sin embargo, esto lejos de aburrir o hacerla pesada la hacen precisa y amena, con el desarrollo adecuado de cada personaje y situación, dando detalles en tiempo y forma para la reconstrucción de los motivos y acontecimientos que formaron a los protagonistas, espejo de cientos de personas una vez terminada la Segunda Guerra Mundial.

Las actuaciones son las que terminan de conformar la película, pese a su corta edad  Abigél Szõke (Klara) logra plasmar en su mirada, gestos y actuación la problemática y traumas de varios niños quienes quedaron a la deriva, sin familia y con el miedo permanente a ser abandonados. La chica pese a su aparente fragilidad física y mental, expresa con la mirada y voz toda la fuerza que poseen aquellos que se han forjado en la adversidad.

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Por su parte, Károly Hajduk (Aladar) logra darnos un personaje que si bien se muestra frío y distante en un principio, mientras avanza la cinta nos abre no sólo su corazón sino sus memorias, así como sus más profundos temores que parecen no terminar. La pareja logra no sólo convencer sino poner sobre la mesa un debate sobre la amistad entre un niño y adulto, así como la delgada línea de lo correcto e incorrecto ya plasmada en otros títulos más comerciales como Perfecto asesino.

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Los que se quedaron es una producción sensible, certera y bien elaborada que nos muestra un lado poco explorado del holocausto, con un guion sencillo pero bien conformado; actuaciones fuertes y precisas, además de un mensaje claro y humano. Es un imperdible no sólo para quienes desean historias contadas de forma diferente sino para aquellos que están pasando por situaciones difíciles, a la espera de una pista de cómo avanzar.