La cabaña siniestra

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A lo largo de la historia de la humanidad, infinidad de cultos y religiones han existido para consuelo de muchos e infortunio de otros, la mayoría liderados por hombres de salud mental cuestionable y propósitos egoístas. Desde “La familia” de Charles Manson, perpetradores del asesinato de la actriz Sharon Tate, hasta el “suicidio” en masa en Jonestown, estas sectas demostraron ser capaces de llevar a sus seguidores al límite, convenciéndolos de atentar contra vidas humanas.

Tomando como referente lo acontecido en Jonestown, nos surge la pregunta de ¿Qué ocurrió con los sobrevivientes? ¿Cómo viven después de haber presenciado tal horror? Y como “supuesta” de respuesta a las anteriores interrogantes, aparece La cabaña siniestra, el más reciente largometraje de  Veronika Franz y Severin Fiala, donde la protagonista fue la única sobreviviente de un culto extremista cristiano que terminó por inducir a todos al suicidio para limpiar sus pecados.

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La historia es sencillamente fascinante. Si bien inicia con un ritmo lento que parece no ir a ningún lado, esto es sólo para dar al espectador los elementos necesarios para hacerse una idea del estado de la psique de Grace (Riley Keough); así como enterarse del contexto general en que los niños –Aiden y Mia−fueron criados. La trama se vuelve más oscura a la par que pasan los minutos; las escenas se vuelven retorcidas y llenas de simbolismo; la mezcla de sonido pasa de ser incidental a llevar gran peso argumentativo y la narrativa fluye  a través de todos estos elementos sin perder el hilo de lo que está ocurriendo en pantalla, dando vuelta tras vuelta de tuerca dejando al público en suspenso.

El sonido tiene un gran peso en la historia, emulando a las películas antiguas donde más que una melodía prefabricada, dando a entender las intenciones del personaje en escena, se insertan sonidos cotidianos para alterar los nervios del público: las manecillas de un reloj y un viejo órgano son todo lo que se necesita –junto a buenos encuadres de cámara y en sintonía con la trama−para llevar a los presentes a un grado de terror psicológico no visto frecuentemente.

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Las tomas son otro punto a favor, si bien no son las usuales –a veces llegan a marear por lo abrupto de sus cambios− siguen sumando puntos para el desasosiego que invade a protagonistas y espectadores para la segunda mitad del filme. Desde el manejo de luces y sombras hasta el uso del plano panorámico, todas funcionan en pro de este largometraje, se sale de los normalmente usados en el cine para decantarse por otros más artísticos como artilugio para continuar con la locura presente en la historia.

En cuanto a las actuaciones, están siempre al nivel del guion pese a que se dice que trabajar con niños no es fácil y menos cuando llevan parte de la fuerza narrativa, en este caso tanto Jaeden Martell (IT) como Lia McHugh (American Woman) logran estar al nivel interpretativo que Riley Keough (Mad Max: Fury Road) con quien comparten la mayoría de las escenas. Así mismo, consiguen dar ese toque sombrío a sus personajes que los convierte en blanco de sospechas por momentos y víctimas en otros.

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La cabaña siniestra es sin duda una de las mejores cintas de horror del año, sin necesidad de efectos visuales o costosas locaciones, es la prueba de cómo un guion bien planeado, con buenos actores y un excelente sonido es capaz de asustar –y no precisamente por algún monstruo sino por la maldad oculta en cada ser humano−. Este 6 de diciembre no te pierdas este filme en todas las salas del cine del país.