Ellas mandan

Este 18 de octubre llegará a las salas de cine la comedia Ellas mandan, una sátira a la vida estadounidense, la sociedad del espectáculo e incluso a su práctica de consumir y desechar no sólo con objetos sino con shows y actores. Estelarizada por Emma Thompson (Harry Potter) y Mindy Kaling (The Office) y con un gran parecido −para bien− con El diablo viste a la moda, la película expone varios temas como son: sexismo en el trabajo, discriminación y hasta abuso de poder de una manera precisa, inteligente y graciosa.

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Katherine Newbury (Thompson) ha sido anfitriona de un show de comedia y entrevistas por años, lamentablemente no ha logrado adaptarse a las nuevas generaciones y el rating decae a un ritmo vertiginoso. La televisora le ha dado fecha para remplazarla por alguien más joven y “en onda” con el público meta, no obstante, ella no se dará por vencida y exigirá a su grupo de guionistas –hombres blancos− ayudarla a renovarse.

Sin embargo, tras ser acusada de odiar a las mujeres por uno de sus empleados, pide a su asistente −hombre− contratar a cualquiera mientras sea del sexo femenino. Es así como Molly Patel (Kaling) logra el trabajo de sus sueños pese a ser sólo una aficionada de la comedia −practicando monólogos por el micrófono de la planta química donde laboraba−, ahora, deberá abrirse paso entre un ambiente de oficina tóxico y sexista, con una jefa tirana y probar ser algo más que la cuota de diversidad requerida.

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El peso narrativo sin duda se lo lleva la mancuerna Kaling-Thompson con la química cómica mostrada en pantalla, ambas son amenas y en ningún momento cansan o parecen sobreactuadas –difícil cuando piensas en Molly, una chica india, bajita y solterona−. De igual forma Emma interpreta acertadamente a una mujer inglesa obsesionada con la perfección, orgullosa de sus raíces –incluso conserva un fuerte acento− y con un carácter fuerte, rayando en lo grosero.

Si bien la historia no es del todo original, el gran acierto de la producción es el humor usado para tratar temas controversiales como #MeToo sin pretensiones moralistas que pudieran apartar al público, además de mostrar –en vez de sólo decir−cómo un entorno laboral mixto no sólo en cuanto a sexos, sino a etnias, aporta mejores ideas debido a las interacciones. La cinta también hace hincapié en los distintos tipos de discriminación existente, ya que la propia protagonista lo es debido a su edad y como ella misma lo dice: “soy muy blanca e inglesa ¿qué puedo hacer al respecto?”.

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Lo único malo es el final, sin ser terrible o completamente desatinado, debido a lo flojo del mismo. Si bien da una importante lección, en este caso si cae en el moralismo de lo políticamente correcto y se siente apresurado, lacrimógeno y no concordante con el resto de la cinta cargada de comedia. Sin embargo, esto no demerita la cinta, misma que es altamente recomendable si quieres pasar un rato divertido a la par que disfrutas de las actuaciones de las protagonistas.