El prófugo

El prófugo

FICHA TÉCNICA

Dirección: Natalia Meta

Dirección artística: Aili Chen

Producción: Benjamín Domenech, Santiago Gallelli, Matías Roveda

Guion: Natalia Meta, basado en El mal menor, de C. E. Feiling

Música: Luciano Azzigotti

Sonido: Guido Berenblum

Maquillaje: Mónica Toschi

Fotografía: Bárbara Álvarez

Montaje: Eliane Katz

Vestuario: Mónica Toschi

Protagonistas: Érica Rivas, Nahuel Pérez Biscayart, Daniel Hendler, Cecilia Roth

SINOPSIS: Tras un episodio traumático durante un viaje con su pareja, Inés comienza a confundir la frontera entre lo real y lo imaginario. Vívidas pesadillas y sonidos recurrentes invaden su vida cotidiana, hasta que ensayando para un concierto conoce a un joven que se acomoda a su mundo sin cuestionamientos. Pero Inés no puede evitar una sensación peligrosa: seres provenientes de sus sueños quieren quedarse para siempre.

OPINIÓN

En una entrevista concedida para la Academia de la Prensa Extranjera en Hollywood, Natalia Mena recalcó que El prófugo, inspirada en la novela El mal menor (1996) del escritor argentino C. E. Feiling, no es una película que deba clasificarse dentro del género fantástico o el de terror, sino que usa los elementos de estos géneros para realizar exploraciones de la psique humana, de los intricados intersticios que hay entre las pulsiones más viscerales, y cómo su mezcla es la que potencia las acciones humanas.

Estos temas parecen ser su seña identitaria como cineasta, pues están presentes en Muerte en Buenos aires (2014), un thriller cuasi erótico en el que, al igual que en El prófugo, lo que interesa son las relaciones que guardan los personajes entre sí, y cómo los acontecimientos moldean sus conductas y los conducen, o apartan, de elementos decisivos que se proyectan desde las primeras secuencias, con lo cual el espectador en teoría queda avisado de los recovecos de la historia, lo cual suele ser considerado anatema por audiencias y creadores por igual, pues equivale a exprimirle todo el sabor a la historia.

En manos menos capaces eso sería un problema. Sin embargo, dadas las aspiraciones de Mena, la directora logra no sólo mantener la atención en el metraje, sino darles credibilidad a las acciones de sus personajes. En el caso de El prófugo, mucho de esto se debe a la forma en que Erica Rivas encarna a Inés, una mujer madura, cantante y actriz de doblaje que para la actualidad de la historia se halla doblando filmes japoneses de terror, que se siente conflictuada no sólo con los eventos preliminares de la cinta, sino que acarrea magullones existenciales del pasado, los cuales apenas son sugeridos en hilos de conversación, pero que Rivas logra transmitir con una interpretación que, sin caer en excesos, traspira una ansiedad y un desequilibrio que servirán tanto para construir la historia como para que el espectador empiece a dudar de la realidad que habita Inés, así como de las interpretaciones que ella hace de la misma y de sí misma.

Puesto que el quiebre de la realidad de Inés tiene un peso significativo en la narración, no es de extrañar que Mena coloque a Inés en escenarios que aluden a una suerte de neongótico, similar al representado en The neon demon (Nicolas Winding Refn, 2016) y en La daga en el corazón (Un couteau dans le cœur; Yann González, 2018), en el que los juegos con las perspectivas dentro del plano permiten remarcar la desazón de Inés al no ser del todo capaces, ella y la audiencia, de concluir si las voces que la interpelan provienen de alguien o son producto de una mente cada vez más comprometida.

No es que esto se resuelva claramente en todos los casos sino que, junto con la constante presencia de espejos y pantallas propios de los ambientes y necesidades laborales de la protagonista, más jaulas e interferencias sonoras (importantes estás, junto con alguna que otra explicación técnica, en la identificación del prófugo que da título a la película, una especie de desertor de sueños y tulpa de los traumas y neurosis de Inés), apuntalan la utilización de sustos repentinos sin que estos resulten triviales, aunque sí predecibles.

Tal vez el mayor problema del metraje sea el final. Tanto por la entrevista mencionada al principio como por la naturaleza del estado mental de Inés a lo largo de su historia, es entendible que hay un intento de analizar el deseo, el femenino en particular, y su naturaleza ambigua que lo mismo libera que lleva a decisiones acaso cuestionables, pero entendibles. No obstante, las líneas de análisis no alcanzan a cerrarse hasta los momentos finales, en un cierre que parece retomar elementos irónicos existentes en el texto original de Feiling, pero que no encuentran cabida en los ritmo y tono que mantiene la proyección en casi toda su totalidad.

Calificación: 5.3/7 maharkyestrellas