Drive my car

Drive my car

texto por Alberto Marín

FICHA TÉCNICA

País: Japón; Año: 2021; Duración: 179 min;Dirección: Ryūsuke Hamaguchi; Producción: Teruhisa Yamamoto; Guion: Ryūsuke Hamaguchi, Takamasa Oe; Basada en: Drive my car de Haruki Murakami; Música: Eiko Ishibashi; Fotografía: Hidetoshi Shinomiya, Montaje: Azusa Yamazaki; Protagonistas: Hidetoshi Nishijima, Tōko Miura,Reika Kirishima.

SINOPSIS

Tras dos años de la muerte de su esposa, al actor y director Yusuke Kafuku le ofrecen dirigir una obra en un festival de teatro en Hiroshima. Allí conoce a la reservada Misaki, asignada como su chofer. Mientras pasan tiempo juntos, Kafuku comienza a enfrentarse al misterio de su esposa que lo atormenta en silencio.

OPINIÓN

Tras ganar el Oscar a mejor película extranjera en la ceremonia de este año, Drive my car (Ryusuke Hamaguchi; 2021) llega a salas seleccionas (cinetecas y salas de arte) y a la plataforma de streaming MUBI, lo cual resulta un tanto raro sí se considera que su competidora cercana, la noruega The worst person in the wolrd (Joachim Trier, 2021), tuvo un circuito de distribución y exhibición más amplio, considerando que para entonces ambas figuraban como las favoritas para levantar el trofeo insignia de lo comercial esquina con lo “artístico”, además de, en cierta medida, ser historias complementarias sobre la perdida y el lugar en el mundo, una establecida en los años formativos y la otra en los supuestamente resolutivos.

Pero sólo bastan los primeros minutos de visionado para entender el porqué de esta situación. En la cinta de Trier se atisba desde el arranque a una protagonista agradable y atractiva, que tiene los mismos problemas y dudas que la mayoría de sus coetáneas, y acaso algunos de sus pares masculinos: la incertidumbre sobre el futuro amoroso, la indecisión por el establecer una ruta estudiantil y laboral, la presión social sobre el rol a seguir, etc. En cambio, Hamaguchi empieza por marcar una distancia semi fantasmal con su protagonista, un hombre maduro que escucha una historia por parte de su pareja, una mujer apenas delineada a contraluz, mezcla de recuerdo y premonición de lo que el director desarrollará a lo largo de su propuesta.

E, indudablemente, largo el proyecto creado por Hamaguchi a partir del relato corto del también japonés Haruki Murakami, lo que también puedo hacer que Drive my car (DMC de aquí en adelante) haya tenido con menos suerte para mostrarse ante un mayor público. No es sólo que la relación costo/beneficio vs duración se vea conflictuada por ceder espacio a una cinta con aparente poco margen de ganancias, sino que las tres horas de diálogo, con planos de mayor duración a los habituales, escasa “acción” y drama cocido a fuego bajo requieren una disposición inicial de la que pocas veces se dispone.

Sin embargo, todos estos elementos son necesarios para que DMC despliegue toda su sutil eficacia. Esto se remarca con la forma, reiterativa y plana hasta la extenuación, en que Yusuke Kafuku (Hidetoshi Nishijima) trabaja la subtrama de montar una versión polifónica del Tío Vania, obra del escritor ruso Antón Chéjov que apenas es sugerida en el texto de Murakami, pero que Hamaguchi inserte como herramienta de apoya para iniciar una reflexión que a la vez funciona dentro de los personajes y sus procesos personales y profesionales, como para exponer los motivos y pasiones que mueven a los personajes sin fatigar al espectador con diálogos que parecen no llevar a nada.

Si, como indica Kafuku a su elenco, su método consiste en una recitación cercana a un manta zen de los parlamentos de la puesta, con la intención de que aprehendan tanto las líneas como el estado mental de los personajes, para que con ello se entreguen a una interpretación natural de los mismos, no parece descabellado considerar que Hamaguchi busca algo similar con su público: que el constante dar vueltas sobre un asunto, que en otras manos se resolvería en acaso la mitad de tiempo, permita que se vacíen las expectativas y, de una forma semi inconsciente, se conecte lo que se ve en pantalla con las vivencias personales que cada quien lleva a la sala (juego intencionado de palabras).

No es sólo el planteamiento dilatado, sino también la cadencia y edición de los diálogos, tanto los recitados durante los ensayos como los que Kafuku escucha en los traslados en carro —a partir de los cuales poco a poco entabla relación con Misaki Watari (Toko Miura), su conductora designada por el comité organizador de la representación— que la historia entrega los pormenores de sus personajes y se adentra en los recovecos de un aparente estoicismo que esconde dudas afectivas —vacuas o no, dependiendo de las veces y los momentos en los que se expresan— y cicatrices del pasado, al igual que la juventud danesa retratada por Tier hace lo propio con sus miedos e inseguridades a partir de, en una interesante oposición, entregarse al momento en una forma que no quedaría fuera de tono con las intenciones finales del Tío Vania.

CALIFICACIÓN: 7/7 maharkyestrellas