Benedetta

Benedetta

FICHA TÉCNICA:

Dirección: Paul Verhoeven

Producción: Saïd Ben Saïd

Música: Anne Dudley

Fotografía: Jeanne Lapoirie

Montaje: Job ter Burg

Protagonistas: Virginie Efira, Olivier Rabourdin, Charlotte Rampling, Daphne Patakia, Lambert Wilson

Duración: 127 minutos

SINOPSIS

La película, basada en "Sœur Benedetta, entre sainte et lesbienne" de Judith C. Brown está ambientada en la Italia de la Contrarreforma, en medio de una plaga de peste que azota los alrededores de la ciudad de Pescia. El personaje principal, Benedetta Carlini, es una monja que fue considerada visionaria, mística y venerada por su séquito religioso, para finalmente ser arrestada y juzgada por lesbianismo y blasfemia.

OPINIÓN:

Paul Verhoeven (Ámsterdam, Países Bajos; 1938) es un director que, si bien puede escapar del a veces riesgoso título de auteur, no deja de tener un nombre cuyo peso lleva la penitencia. Ser exitoso a la vez que digno del ostracismo de sociedades como la neerlandesa y la norteamericana, ambas consideradas por propios y ajenos como referentes de la libertad y el pensamiento de avant-garde (lo que sea que eso se entienda a estas alturas de la Historia) no deja de causar admiración.

Probablemente su paso por el cine hollywoodense sea el que se recuerde mejor, tanto por el impacto que tienen los productos paridos en la barriada angelina, como por el propio valor intrínseco de los mismos, en particular Robocop (1987), Total recall (1990) y Basic Instinct (1992), en los cuales los personajes navegan relatos cargados de ambigüedad y pullas al sistema social de la época, y que hacen su aparición en Benedetta (2020), aunque tal vez con menos tino.

Hay en esta nueva entrega de Verhoeven un intento por volver a señalar los recovecos que la sociedad, de entonces y de ahora, sigue teniendo desde, por poner una fecha, el fiat lux bíblico, mientras continua la senda, aparentemente exculpatoria hacia las mujeres, que ha tomado desde su regreso a Europa en cintas como Zwartboek (2006) y Elle (2016). Al igual que en ellas, Benedetta centra su atención en la epónima monja (Virginie Efira)cuyo caso real es la materia sobre la que el amsterdamés dramatiza su relato, y cuyas licencias creativas han prendido antorchas rojas por aparentes blasfemias y atentados a la religión y la fe (que no son exactamente lo mismo) y las "buenas costumbres".

Es cierto que hay ataques que rondan más el cinismo más simple que la ironía hacia el clero, en particular a los mandatarios de una religión (la católica) que no deja de repetir esquemas que no dejan de perpetuar sus connotaciones vejatorias. Se puede alegar que lo buscado por Verhoeven no es más que otro golpe a un contrincante que ya no sabe ni cómo mantenerse a flote ante las reiteradas acusaciones de cohecho y encubrimiento de actividades de toda índole, en especial las de abuso sexual.

No obstante, el caso particular de Benedetta tiene la relevancia de referir un asunto por demás interesante, aunque poco tratados en el cine: el de las religiosas como víctimas y victimarias. Dejando de lado el género de la nunsploitation, los crímenes desde y hacia las religiosas han marcado pocos puntos en el radar cinematográfico. Están acaso The devils (Ken Russell, 1971) que aunque su contenido incómodo tiene más relación con lo inicios neerlandeses de Verhoeven (en particular Keetje Tippel de 1975 y Der vierde man de 1983) que con Benedetta, no deja de usar a la mujeres como objetos para cargar contra el protagonista en lugar de hacerlas sujetos de análisis; The Magdalene sisters (Peter Mullan, 2003), donde las ejecutoras y perpetuadoras del sistema son las hermanas de la orden que da nombre a la cinta; y Doubt (John Patrick Shanley, 2008), en la que se tocan las divergencias que las reglas eclesiásticas marcan con respecto a la vida monástica femenina y la que llevan los sacerdotes y demás rangos de poder, evidentemente ocupados por hombres, además de tocar el tema de como la religión y la fe corren en vías concomitantes.

Benedetta tiene elementos para aportar al tema, toda vez que la representación de las acciones y los cuerpos que, aunque pueden pecar de demasiado modernas a pesar de la labor de construir un ambiente fiel a la época en cuestión (s. XVII), no evitan que se entiendan como una forma de relacionar ese periodo con el actual, a fin de evidenciar jerarquías que no parecen haberse percatado de los cambios culturales que han permeado en otras vertientes de la práctica cristiana y sus derivados.

Sin embargo, tal vez el énfasis por ver los santos antes que el templo, algo que al parecer el mismo Verhoeven, provocador profesional, alienta en sus declaraciones, juega en contra de las posibles buenas intenciones que subyacen en un proyecto que no parece estar en contra del ideario del director pues, entre sus muchas peculiaridades, ha escrito un libro sobre la vida del Jesús histórico, cuas ideas centrales se ven reflejadas en la forma en que aborda las visiones y señales poco ortodoxas que sufre Benedetta, las cuales son objeto de las sospechas y juicios que se elaboran en torno a su persona.

El otro objeto, y acaso el más polémico, es la faceta sexual de Benedetta y Bartolomea (Daphne Patakia), su compañera en más de un sentido. Es cierto que pueden parecer desafiantes y chocantes con la trama, aunque desde un principio se antela que Verhoeven tomará el sendero de la experiencia mística como la cara sacra del erotismo (sobre todo en sus visiones y las acciones que incitan), pero se fundamentan en que sirven como reflejo de las conductas que sacerdotes y prelados exhiben con un recato menor al que que guardan las imputadas.

Puede ser que eso, además de los cambios de un secuencia a otra en el comportamiento de Benedetta, que sirven para sostener una ambigüedad en las intenciones de la protagonista y que por momentos parece írsele de las manos a Verhoeven, resulte repulsivo para ciertos sectores, más si se toma en cuenta que el mismo director arrastra un par, al menos, de decisiones artísticas que le han generado algo más que un dolor de cabeza a dos actrices bajo su mando.

Aunque el verdadero escándalo parece estar en que, en el año del Señor 2022, el núcleo de una obra con menos garra de la esperada sea entendido como un ataque a la fe, y no a la religión.

*Calificación: 4.5/7 maharkyestrellas