13 rainbow reasons why

Recientemente una de las series más populares de Netflix llegó a su fin, con cada vez más críticas a lo improvisado de sus guiones pero con personajes y situaciones aún de interés para el público juvenil. 13 reasons why cierra con esta temporada la historia iniciada por las cintas de Hannah Baker, donde culpaba a cada uno de sus compañeros implicados en su suicidio.

La serie basada en el libro homónimo de Jay Asher, al menos en su primera temporada, logró ganarse el cariño y la atención del público al retratar la nula atención de las autoridades escolares hacia los adolescentes, así como los tipos de violencia y sentimientos negativos vividos día a día. Lamentablemente, como usualmente ocurre con este tipo de producciones, mientras más alargaban la historia, menos cuidado ponían a los detalles que alguna vez asombraron a los espectadores.

Sin embargo, pese a todos los altibajos a lo largo de cuatro entregas, sí logró hacer algo bien, presentar acertadamente y con respeto a una comunidad LGBTIQ+ variada; con matices; historias que no giran alrededor de sus preferencias, lejos de los estereotipos usualmente vistos en televisión. Y dado que este es el proud month me parece justo reconocerles a los productores, escritores y cast, el esfuerzo por mostrar que tu preferencia sexual, etnia o pasado no te define como persona.

Mientras escuchábamos las cintas de Hannah, conocimos a tres personajes homosexuales muy diferentes de entre sí y a los mostrados en pantalla, pero con una personalidad e historia tan fuerte que enseguida se ganaron la atención del espectador, además de ser retratados siendo crueles con otros estudiantes, como cualquier ser humano.

Es precisamente esta representación tan diversa como realista lo que logra atrapar al espectador acostumbrado, y no tanto, a los estereotipos vistos en películas o series. En 13 reasons why encontramos a Tony Padilla, quien podría ser el chico popular del colegio pero que no lo es – no por su orientación sexual sino por su carácter impulsivo − que representa, además, a los inmigrantes mexicanos.

La típica chica lista –de vital importancia en cualquier drama adolescente¬− se llama Courtney Crimsen, más preocupada por sus notas para entrar a una buena universidad que por ser aceptada en un grupo de amigos; con el conflicto de tener dos padres y no saber cómo hablarles de su homosexualidad, manteniendo su estatus de perfección a cualquier costo. Quizás el más estancado en los estereotipos es Ryan Shaver; sin embargo, considero que esto da pie a que muchos jóvenes se identifiquen con él, ya que su pasión por el arte lo motivan a ser quien es. A veces es odiado por su personalidad, pero es meramente por su carácter y no por sus preferencias.

Otro de los temas recurrentes son las conductas de odio por problemas consigo mismos o sentimientos que les abruman, como bien se representó con Tyler y Bryce. Este último sería relevado como villano por Montgomery “Monty” de la Cruz, personaje por demás interesante para quienes seguimos de cerca los documentales, películas y noticias sobre asesinos seriales.

Monty es uno de los estudiantes más populares de la escuela; juega fútbol americano pese a su origen latino; se junta con la crema y nata de los estudiantes; sin embargo, su verdadero yo es más complejo y peligroso de lo que parece, con un padre violento; así como tendencias homosexuales reprimidas es el claro ejemplo de la homofobia por desinformación y prejuicios. Él mismo no se acepta como es, finge ser otra persona, por lo cual, responde de forma violenta con los más vulnerables, en quienes vuelca su propio odio.

No es nada común ver a este tipo de personajes fuera del contexto de un documental o quizás una cinta de terror, por eso fue tan sorprendente el desarrollo que le dieron a su historia, humanizándolo, pero no para bien sino como víctima de los prejuicios que hay sobre cómo debes ser para practicar deportes o ser popular; mostrando, pero no justificando, los demonios que quejan a cualquier adolescente que vive en un contexto de violencia y no siente correcto ser quien es.

A propósito de desarrollo de personajes, no todos corrieron con tan buena suerte como el villano −a quien era preciso desarrollar para que la serie funcionara a lo largo de cuatro temporadas−, siendo descuidados durante casi todas las entregas, dando sólo algunos guiños para después salir del closet, confundidos no sólo ellos sino todos los que veíamos la serie, tomando esas sutiles pistas como cosa de la edad, donde recién te descubres como ser sexual.

Este es el caso de Alex y Zach, dos amigos dispares entre los que nace un sentimiento genuino de hermandad. Lo interesante, así como acertado, entre ellos es la normalidad que parece rodear cualquier escena sugestiva, como las erecciones involuntarias o el beso, donde Zach hace sentir cómodo a Alex, restándole importancia y siguiendo con su amistad sin que esto tome dimensiones exageradas.

Las reacciones son acertadas cambiando el mensaje de odio como uno de aceptación, donde las amistades no deberían verse rotas por las preferencias sexuales. Sin embargo, el caso de Alex Standall quien siempre personificó al eterno enamorado –engañado/dejado− de Jessica Davis, fue por demás precipitado, no dando un cierre al personaje, que de haber sido bien llevado a cabo habría logrado que muchos de los adolescentes se sintieran aún más identificados.

Repasando los pequeños guiños y considerando la edad del personaje, si la historia se hubiera desarrollado mejor habría sido más fácil de entender que Alex, al estar en la adolescencia apenas se está descubriendo como persona, siendo éste el mensaje que se quiere dar, uno de aceptación y cambios; aunque tampoco termina por desarrollar la idea, ya que se deja en duda si él mismo se define como gay o bisexual, concepto que en realidad no importaría, pero que sí se menciona de otro personaje secundario y no de quien hemos visto desde la temporada uno.

Con la última temporada llegaron más personajes miembros de la comunidad LGBTQI+, como Charlie, quien se define como bisexual pero no deja que esto lo defina, ya que se vuelve el capitán del equipo continuando con una actitud amable y respetuosa hacia todos, dando pie a un cambio dentro del círculo deportivo.

También podemos mencionar a Winston como alguien que se apega más a los estereotipos ya preconcebidos sobre la homosexualidad; sin embargo, opino que su personaje en general no fue desarrollado de manera adecuada porque, aunque diera indicios de que es el antagonista, como villano se queda corto, dejándonos más preguntas en lugar del esperado cierre. Mención honorífica se lleva la aparición del director de Liberty, quien sin ningún problema les presenta a su esposo y los alumnos, sin dejar de ser adolescentes, lo toman con absoluta normalidad.

Es justo en la recta final de la serie cuando los deportistas, grupo que fue retratado desde la primera temporada –al igual que en varias cintas y series− como un conjunto de acosadores y violadores, cambian el mensaje de intolerancia con el ejemplo, al defender a su capitán, mostrando la diversidad, no sólo de preferencias sino de orígenes, dentro del propio círculo deportivo.

Considero que, pese a todos los tropezones en cuanto a guion y desarrollo, 13 reasons why sí logra con éxito un discurso de normalidad, donde las preferencias sexuales son sólo una de las tantas características que definen a cada persona, además de brindarnos una diversidad de personajes, con historias fuertes y pasados oscuros con los cuales los hacen creíbles, los visibilizan y humanizan, alejándolos de los estereotipos preconcebidos.